miércoles, 21 de enero de 2026

El álbum verde y las paredes mudas

 

Esta noche he soñado. Y he llorado.
Pero llorado bien, a moco tendido, con pucheros y todo el despliegue dramático. Y ojo, que no lloraba porque faltaran cinco minutos para que sonara la alarma del móvil, que motivos no me faltarían.

Estaba yo en mi sueño paseando por una especie de almacén enorme, un rastro de antigüedades al que había llevado unos discos rusos viejos, unas rarezas de las que, en la vida real, no tengo ni la más remota idea. Pero allí estaba yo, paseando por los pasillos cuando algo en una estantería me ha hecho frenar en seco: un álbum de fotos de lomo verde. Era parecido a uno que tengo de verdad por casa.

Lo he cogido, lo he abierto y, de repente, pum. Me ha invadido una pena profundísima, una añoranza bestial que se me ha agarrado al pecho. Lo curioso es que las fotos no me decían nada. Eran imágenes en blanco y negro y otras en color ya viradas al naranja por el tiempo, pero no reconocía a nadie. No eran mis abuelos, ni Mamá Cangreja, ni los niños. Eran desconocidos. Y aun así, yo lloraba como si estuviera perdiendo algo irrecuperable.

El despertar ha sido raro, con esa sensación húmeda en los ojos y el cuerpo un poco revuelto. Pero la vida sigue, el despertador ha sonado (esta vez de verdad) y me he puesto el piloto automático: desayunos, meterle prisa a Cangreteen, prepararle el almuerzo a Cangrejito... La rutina de siempre. Pero mientras untaba mantequilla, la imagen del álbum verde me seguía rondando.

Y me ha dado por mirar las paredes de mi casa.

Me he dado cuenta de que en el cuartel general de los Cangrejo no hay fotos de gente. De nadie. Si miras nuestras paredes, solo verás un par de fotos de unos viajes que hicimos a principios de los dos mil: un rincón de Edimburgo por aquí, una calle de Singapur por allá. Recuerdos de cuando éramos jóvenes y no nos dolía nada. Pero no hay ni rastro de mis padres, ni de mis suegros, ni de mis hijos. Nada. Cero.

Es curioso, porque en casa de mi madre las paredes y los muebles siempre han hablado. Fotos de mis abuelos, de primos que hace años que no veo, de bodas, bautizos y comuniones. Ahora que ella vive con mi hermana, sigue teniendo en su habitación esa mesita que parece un altar pagano lleno de marcos: ahí estamos nosotros, sus nietos, sus hermanos. 

Sin embargo, aquí estamos nosotros, con las paredes mudas.

Me ha hecho pensar si es cosa mía o si es que nos hemos vuelto una sociedad más desapegada, donde tener la cara de un pariente colgada en el salón nos parece "antiguo". Seguro que, si hay algún psicólogo en la sala, ahora mismo estará diagnosticándome algún síndrome moderno con nombre en inglés, o explicándome que mi subconsciente rechaza el pasado. O yo qué sé.

Aunque, pensándolo bien, quizá sea algo más sencillo y a la vez más jodido. Quizá llenar la casa de fotos sea un recurso de defensa para cuando nos hacemos mayores. A lo mejor, cuando los hijos vuelan y la casa se queda grande y silenciosa, necesitamos rodearnos de esas caras congeladas en el tiempo para amortiguar su eco. Para recordar que, aunque ahora haya silencio, ahí hubo ruido y vida.

No sé. 

¿Vosotros tenéis fotos de la familia puestas o sois también del club de las paredes asépticas?

15 comentarios:

  1. I don't have any family photos up. I have stuff on the walls but no photos of anyone. Art from my daughter, an LP cover, some Hong Kong Film posters and a few other things.

    I don't have a Kindle or anything to read digital books on. Great they translated into English :-D

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    1. Thank you. I think most of us won't have any family photos, hehehe.

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  2. Mi piso es totalmente aséptico. Raya la despersonalización. No me gustan los adornos.

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  3. Soy de las que no tiene nada en las paredes con fotos. Y si nuestras generaciones estamos cads vez mas despegados. Te mando un beso.

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  4. En mi casa hay bastantes fotos colgadas en las cristaleras de las estanterías de cristal y dos -de Rosa Mari y yo- ampliadísimas en nuestra habitación. Tengo docenas y docenas de álbumes de fotos antes de que comenzara la fotografía digital y no sé dónde los pondré algún día si nos cambiamos de piso. No sé si la gente tiene fotografías, yo sigo haciendo muchas aunque las tengo en archivos digitales. Me gustan los retratos aunque estos son siempre crueles porque quedan fijados en el tiempo y cuando volvemos a ellos, hemos cambiado. Saludos.

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    1. Bienvenido Joselu, sí, yo también tengo fotos de cuando había que revelarlas, pero guardadas en cajones, ahora en archivos digitales, cosas del progreso.

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  5. Alguna con el señor Morello tengo de algún momento cumbre en la relación pero si hay una foto que tengo de mi sobrina bebé y otra que es aun mas especial para mi que me la traje de mi casa y tiene historia, así que ya que estamos te la cuento: mi abuelo falleció poco antes de que yo cumpliese un año y dias antes de que muriese, hicieron fotos. Mi familia siempre ha sido de cámara en mano y bueno, me hicieron con él unas cuantas y con mi abuela y curiosamente, el carrete se veló (como suena hablar ahora de carretes velados) menos las fotos que salía yo con mi abuelo.
    Esa foto siempre la tuve en mi cuarto y cuando mi abuela faltó, me la traje a casa y está en mi salón en lugar de honor, el señor Morello intentó restaurarla pero casi que esta hasta pegada en el marco así que ahí sigue detenida en el tiempo.
    Un besazo!

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    1. Una historia bonita, normal que guardes esa foto con tanto cariño.

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  6. Yo creo que como ahora llevamos miles de fotos en el móvil no necesitamos colgarlas de las paredes como antes.
    Saludos

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  7. En mi casa tengo colgados los cuadros que más me gustan entre los que pinté, o al menos los que más me gustan entre los que me han quedado. Paredes blancas, con cuadros muy coloridos.
    En casa de mi vieja (madre) sí hay muchas fotografías en portarretratos.

    Abrazos, Papá

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