¡He vuelto! Sí, sigo vivo y con el caparazón de una sola pieza. Sé que no doy señales de vida desde junio, justo cuando os dejé con el drama de mi cerebro colapsando por falta de memoria RAM frente a los apuntes de la oposición. Considero que ya es hora de hacer un pequeño repaso de daños y poneros al día, que han pasado muchas cosas y a la vez, ninguna.
Empecemos por el elefante en la habitación: las oposiciones del Ayuntamiento. Para sorpresa de absolutamente nadie, no fueron bien. Fui a la guerra con un tirachinas. Tuve muy poco tiempo, me lo preparé yo solo en casa y, en un alarde de chulería de estudiante novato, decidí estudiar solo las cosas que a mí me parecían importantes. ¿El resultado? Un desastre. Aunque, para salvar un poco mi orgullo de cangrejo, tengo que decir que hablé con gente de dentro del propio ayuntamiento y me confirmaron que el examen había sido nivel ninja. Pero bueno, no hay tiempo para lamerse las heridas. Ya estoy liado con otras oposiciones. A ver si en estas los astros se alinean un poco mejor.
Por lo demás, el verano ha sido de lo más tranquilo. Cero viajes, turismo de sofá y ventilador, y lidiando con algunos de mis ya clásicos achaques de salud que vienen de serie con el chasis. Pero el verdadero proyecto estival ha sido otro: buscar residencia para Cangreteen.
Sí, amigos, el tiempo vuela y te atropella sin avisar. El niño ha empezado la universidad esta misma semana. Ha sido un verano de visitas, papeleo, nervios y visitas, pero ya lo tenemos instalado. Todavía me estoy haciendo a la idea de que ya hay un universitario en la familia, pero prometo sobrevivir a esta etapa (o al menos intentarlo sin hacer mucho el ridículo).
Y hablando de proyectos, ¿Qué pasa con mi faceta de magnate de la edición? Pues que en verano decidí darle también unas vacaciones al sello editorial. Necesitaba parar. Pero ahora que hemos entrado en septiembre, la maquinaria vuelve a estar engrasada. Traigo novedades de las buenas: ¡hemos añadido otro libro al catálogo! Y la gran noticia es que esta vez no es mío. Ya he empezado a moverme de nuevo, contactando con librerías, presentando el catálogo y buscando hueco en las estanterías.
Como se suele decir: despacito pero con buena letra. Aquí seguimos, hincando codos de nuevo, haciendo de tripas corazón con los niños que se hacen mayores y peleando por los libros.

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