miércoles, 10 de junio de 2026
Error 404: Memoria no encontrada
Hay trampas mortales en esta vida: el "solo nos tomamos una y nos vamos", el "no te preocupes, que esto no pica" y, la más peligrosa de todas, el "tú apúntate a las oposiciones, que con aprobar el primer examen ya entras en la bolsa".
Caí de lleno. Fue en octubre de 2025. En mi periplo de búsqueda activa de empleo, tuve una tutoría con el gestor de CREA (la plataforma de empleo del Ayuntamiento de Castellón). Me miró con esa cara de optimismo institucional que tienen los orientadores y me soltó la frase mágica. Parecía un plan sin fisuras. No se trataba de sacar plaza y convertirme en el rey del papeleo municipal, no. El objetivo era solo pasar el primer corte, entrar en la bolsa de empleo y sentarme a esperar que me llamaran para hacer alguna sustitución. "Un trámite", pensé yo en mi infinita inocencia.
Me inscribí y me senté a esperar la fecha del examen. Pasó noviembre, nos comimos los turrones, llegaron las magdalenas, pasó la primavera... y nada. El silencio administrativo era total. Yo, en mi fuero interno, estaba encantado. "Mejor, más tiempo para prepararlo cuando avisen", me decía a mí mismo con la misma convicción del que dice que el lunes empieza el gimnasio.
Y de repente, ¡zas! Habemus fecha. Me queda un mes. Un mísero mes.
Con la presión en la nuca, me he sentado frente a los apuntes, los subrayadores fluorescentes y la Constitución. Y es aquí donde me he dado de bruces con la más terrible y cruda de las realidades: mi cerebro ha caducado.
Chicos, os lo juro, me cuesta la misma vida estudiar. Parece que a mi materia gris se le han caído los bits de memoria por el camino. Yo recordaba que en mi época de estudiante leía un texto un par de veces y, más o menos, se me quedaba. Ahora soy como un pez Dory con gafas de presbicia. Leo el artículo 14, paso al artículo 15, y si me preguntas de qué iba el 14 te digo que de la cría del cangrejo en cautividad, porque mi mente ha borrado los datos para hacer espacio.
He llegado a la conclusión de que mi disco duro está lleno. Mi memoria RAM está saturada, no hay espacio físico para meter la Ley de Bases del Régimen Local. El archivo es demasiado grande y el sistema me da error.
Intento hacer esquemas y a los diez minutos estoy mirando a la pared, pensando en si descongelé el pollo o en cómo se fabricarán las chinchetas. He perdido el hábito, la concentración y, sobre todo, la plasticidad neuronal. Mi cerebro ya no es una esponja; es un estropajo reseco de los que rascan las sartenes.
Así que aquí me tenéis, a un mes del Día D, intentando meter a presión leyes administrativas en una cabeza que solo pide siestas y Netflix. Si en un mes veis que no publico nada, mandad a los equipos de rescate a desenterrarme de una montaña de folios y leyes derogadas. Deseadme suerte, o al menos, mandad café. Mucho café.
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Cangrejadas
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