Páginas

miércoles, 15 de abril de 2026

EL SÍNDROME DE LA PUERTA

 

Llevo unas semanas sin asomarme por aquí. Otra vez.
Después del dramático episodio en el que casi muero asfixiado por intentar embutirme en la camiseta talla XS de mi hijo, mi cerebro decidió que necesitaba unas vacaciones. Me he quedado en blanco. Pero lo peor no es que me haya quedado en blanco para escribir en el blog, sino que esa amnesia se ha extendido peligrosamente a mi vida cotidiana.

La crisis alcanzó su punto álgido el pasado martes. Estaba yo repantigado en el sofá, mirando el techo y esperando que me cayera la inspiración divina para escribir una entrada brillante. Como la musa no aparecía, pensé que la solución a mi bloqueo creativo estaba en la cocina. Quizá necesitaba un café. O un vaso de agua. O saquear el armario de las galletas (sin gluten). Con un objetivo claro en mente, me levanté del sofá, recorrí el pasillo con paso firme y crucé el umbral de la puerta de la cocina.

Y entonces, la nada. Puf. Mi cerebro se reseteó por completo.

Me quedé plantado en el centro geométrico de la cocina, con los brazos colgando, mirando fijamente la puerta de la nevera sin saber qué demonios había ido a hacer allí. Me sentí exactamente igual que un personaje de Los Sims cuando el jugador le cancela la acción en el último segundo. ¿Había ido a tirar algo a la basura? ¿A comprobar si la lavadora había terminado? ¿A comer algo?

Me pasé un buen par de minutos abriendo y cerrando armarios al azar, esperando que algún objeto me diera una pista de mi misión original. Mamá Cangreja entró a por agua, me vio allí pasmado sosteniendo un paquete de arroz con cara de confusión y ni siquiera preguntó. Ya me conoce. Me dio un par de palmaditas compasivas en el hombro y se fue.

Derrotado y sin inspiración, volví al salón. Y os juro que fue exactamente en el instante en el que mis posaderas volvieron a hacer contacto con el cojín del sofá cuando mi cerebro, con la crueldad que le caracteriza, hizo "clic" y recuperó el archivo perdido: el café. Quería un café.

He leído por ahí que la ciencia lo llama el "efecto umbral", y dice que al cruzar una puerta nuestro cerebro entiende que cambiamos de escenario y borra la memoria a corto plazo para dejar espacio a cosas nuevas. Yo creo que es simplemente que mi memoria RAM ya no da para más y tengo demasiadas pestañas abiertas en la cabeza. Así que no, hoy no tengo una gran historia que contaros, básicamente porque dejé la idea en la cocina, crucé la puerta y se me olvidó traerla de vuelta. No obstante, dentro de poco si os podré contar una de las cosas que me tienen ocupado últimamente, pero aún no es el momento.

19 comentarios:

  1. No conocía el efecto umbral, pero si lo combinas con el efecto pasillo y el mariposa, puedes acabar en un jardín contando musarañas, ten cuidado

    ResponderEliminar
  2. Papá Cangrejo, me temo que tu historia del “efecto umbral” es el último grito de la neurociencia doméstica. Me he reído tanto imaginándote en modo Sims que casi se me olvida para qué abrí el portátil. Tranquilo: tu cerebro no está en blanco, solo está en huelga por exceso de humanidad. Saludos.

    ResponderEliminar
  3. I think men and women are so different brain wise. I was talking to my man the other day about this and he can only focus on one thing at a time and god help him if he gets distracted! Whereas I juggle so many things in my head. I love your wife's reaction...

    How is the job hunting going? I start a new job soon and going back to my old job on nights on reduced hours for now. I am hoping my ankle can tolerate both as I will be standing in both jobs.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yes, it’s true, we’re quite different, which I think is a good thing – we complement each other well. As for work, I’m still in the same situation. I’m really glad you’re feeling better and can go back to work now.

      Eliminar
  4. Peor es que te pongas a buscar las gafas cuando resulta que ya las tienes puestas. :)

    ResponderEliminar
  5. A mi también me pasa a veces. Te mando un beso.

    ResponderEliminar
  6. Ojo a no subestimar este efecto umbral, o estas señales que nos da nuestro sistema nervioso, no sea cosa que un día decide de hacer un blackout general…

    Un beso.

    ResponderEliminar
  7. ... ya la contaste, jaja, y es muy buena. Ese efecto me gusta llamarlo "el subconsciente en reposo". Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cada uno lo llama de una manera, un amigo le dice el efecto nevera porque siempre le pasa en esa situación jejeje

      Eliminar
  8. Vivo en el efecto umbral. La de veces que me puedo recorrer mis escasos 70 metros cuadrados en busca de algo que se me olvida al cruzar las puertas.
    O meter el kéfir frio en el armario y la avena en la nevera. O tirar los restos de tostada en la pila para fregar y el plato en la basura. ¿Eso tiene nombre científico o se puede resumir en que no tengo esperanzas?
    Un besazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. jajajaja no sé si tiene nombre científico pero nos pasa a todos, creo que es por agotamiento mental.

      Eliminar
  9. Creo que es una buena historia al final, porque mirálo así: si uno se cuelga y queda tildado en blanco es síntoma de que... eeehh... bueno... colgado, síntoma.... ¿en qué estábamos?

    ResponderEliminar

Pinzadas