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miércoles, 4 de marzo de 2026

Los recuerdos pueden variar

 
Los recuerdos pueden variar o por qué he decidido dejar de comerme mi infancia.

"Los recuerdos pueden variar". Lo dijo la difunta Isabel II de Inglaterra para capear un drama familiar con mucha flema británica, pero os juro que es la frase exacta que me vino a la cabeza el otro día. No estaba lidiando con duques exiliados ni príncipes rebeldes, sino con algo mucho más delicado: mi propia nostalgia envuelta en plástico.

Hablo de esa traición silenciosa que sufrimos los que ya peinamos alguna cana cuando intentamos revivir nuestra juventud a través del paladar. Te entra la morriña, te compras ese dulce que te hacía inmensamente feliz en los recreos, le das un bocado y el castillo se desmorona. Me ha pasado ya unas cuantas veces. Me pasó con el pastelito de la Pantera Rosa. Yo recordaba una cobertura firme, que crujía al morderla, y un día me encontré con algo blandengue y mantecoso que se me pegaba al cielo de la boca. Me ha pasado con los Phoskitos, con el mítico Mikolápiz e incluso con el polo Drácula.

Pero la gota que ha colmado el vaso de la nostalgia ha sido el Tulicrem. Sí, amigos, la legendaria crema de cacao de la misma marca que aquella merienda de tres colores de toda la vida. Esta semana la vi plantada en una estantería del súper y me dio un vuelco el corazón. Por puro instinto de supervivencia de la vida moderna, le di la vuelta al bote, comprobé con alivio que era sin gluten y, al ver que había vía libre, la eché a la cesta con la ilusión de un niño de ocho años con paga doble.

Llegué a casa, destapé la tarrina preparado para viajar en el tiempo a la mesa de la cocina de mi madre y... error. No voy a mentir, el sabor se aproxima bastante a lo que guardaba en mi disco duro mental, pero el aspecto me descolocó por completo. Yo recordaba un color mucho más claro, distinto, y lo que tenía delante era sustancialmente más oscuro. Y ahí, con la cuchara en la mano y cara de póker, me asaltó la gran duda existencial.

¿Qué ha pasado aquí? ¿Han cambiado las empresas sus fórmulas magistrales en secreto? ¿Quizá los gustos de los niños de hoy en día son diferentes y han tenido que adaptar las recetas? ¿O es que, simple y llanamente, el que ha cambiado soy yo? Es muy probable que mi paladar haya madurado, o que la vida adulta me lo haya vuelto más cínico, quién sabe. Lo que es innegable es que el niño que devoraba esas cosas sin importarle un rábano de qué estaban hechas ha desaparecido. Hoy, antes de meter algo en el carro, escudriño la letra pequeña de los ingredientes como si buscara un mensaje cifrado del gobierno, a veces necesitando casi una lupa para descifrar lo que lleva.

Tras el incidente del Tulicrem, he llegado a una conclusión triste pero firme: he decidido no volver a probar nada de cuando era pequeño. Se acabó el experimento. Creo que me gusta muchísimo más el recuerdo idealizado y perfecto que tengo en la cabeza que la realidad actual reformulada. A partir de ahora, mi infancia se queda exactamente donde está: a salvo en mi memoria, lejos de mis papilas gustativas de adulto y a una distancia prudencial de mis gafas de cerca.

17 comentarios:

  1. Solo hay que leer la composición de los productos, para salir corriendo, aunque sean de nuestra infancia. Saludos.

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    1. Han ido muy a peor, o eso creo, porque en aquel entonces no lo miraba.

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  2. Things never taste the same as we remember. Yet listening to music is different, it sounds the same and can transport you right back to a different time and different life.

    Ingredients are scary now, the crap they put into our food scares me. I try my best to make sure my daughter eats well. She is a meat eater and dairy-free and I am a vegetarian and dairy-free, I'm sure we've spoken about this :-) I notice they put milk into a lot of things as a filler I think and wheat/gluten pops up a lot too in things you wouldn't expect!

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    1. You're right about music, even songs you hated when you were young now make you sing along, ha ha ha.
      The ingredients thing is crazy.

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  3. Si me ha pasado en mi caso son los chocolates rellenos de fresa antes te juro que tenían un fresa adentro y ahora solo un trozo. Pero aun los como cuando me da ganas. Te mando un beso.

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    1. Cierto, eso también se ve mucho, reducir la cantidad. que le vamos a hacer. Saludos

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  4. Ja, ja... Los retrocesos a la infancia a veces son decepcionantes, pero no reniegues de ellos. La permanencia en el mundo adulto siempre será peor.

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  5. Me pasa hasta con las chuches. Me gusta comprar de vez en cuando y no saben como antes, quizás las regalices pero poco mas. Lo de los Phoskitos te doy la razón, lo unico que se mantienen los donetes pero cada vez mas caros y lo de los helados... vamos a dejarlo.
    Un besazo!

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    1. Es cierto. Con la regaliz me llevé una alegría cuando vi que no tenían gluten jajajaja

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  6. Hace poco probé una pantera rosa y me pasó parecido, mis recuerdos no tenían nada que ver con lo que estaba comiendo. Menos mal que las torrijas de mi madre no cambian

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  7. Puede que sea mas añoranza que otra cosa, pero antes los dulces sabían mejor. Tampoco había la costumbre de revisar los ingredientes en cada cosa. Al menos no lo recuerdo. Un abrazo

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    1. No, antes no se miraba nada, pero también creo que se elaboraban con menos porquerías.

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  8. Me pasó con los "huesitos". Pero encontré el sabor de los actuales "Tokkes" muy parecido al de los huesitos de los 80.

    La nocilla ni se parece, y los phoskitos tampoco. Esa grasa de palma o de otro tipo que se pega al paladar denota la "calidad" del producto. :-S

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  9. Papacangrejo:
    supongo que revivir un sabor es como revivir el un dinosaurio...
    Salu2.

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  10. "Recuerdos que mienten un poco" dice un poeta contemporáneo por aquí... en esta canción:

    https://www.youtube.com/watch?v=fN8r9qQ98CE

    Abrazos, papá.

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